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11 de marzo de 2019

¡Volar!

 

Entrevista a  Santiago Casanova 

Instructor de parapente

       Se los ve volando, atravesando el cielo, se los ve pacíficos, deslizándose por las corrientes, subiendo y bajando… Los vimos desde el llano y quisimos conocer más.

 

      Cada salida a volar es única y diferente. La primera que presenciamos fue expeditiva. Luego de internarnos arriba en la montaña, de seguir subiendo a pie un poco más, llegamos a la ladera preparada para el salto. Esa mañana hacía un frío inusitado para el mes de febrero, pero el sol fue tomando fuerza. El viento es el gran protagonista y el que marca el ritmo del paseo. En esa oportunidad no dio mucho changuí para las charlas… Las condiciones eran las propicias para salir y en poco tiempo, Santiago y su equipo prepararon la vela, dieron las instrucciones de seguridad a la pareja que haría su primer vuelo y… se fueron volando; planeando sobre nuestras cabezas. Los tres parapentes contagian adrenalina.   

 

      La segunda vez fue bien distinta. Llegamos a la ladera, hacía mucho menos frío, el viento estaba adormecido y compartimos dos horas antes del despegue. Santiago, mirando siempre al frente, al vacío que deja la montaña cuando termina en precipicio, nos explica: «Yo puedo estar hablando con vos, pero estoy atento al viento». 

La Palestra: ¿Cuándo y cómo empezaste a volar en parapente y qué fue lo que te motivó a acercarte a este deporte?

Santiago Casanova: Empecé, aproximadamente, en el año `96. Siempre estuve en la montaña: escalando, en bicicleta, esquiando (también soy instructor de esquí y entrenador en el club Lacar). [En el `96] Ya había visto el deporte, pero no había nadie acá (en San martín de los Andes) que lo hiciera. Así que, el momento en que tuve una posibilidad fue cuando mi socio, Fernando «Penano» Méndez, fue a hacer un curso que, a pesar de no haberlo terminarlo, volvió con dos equipos y me dijo: «¿Querés aprender?». Yo fui como su primer alumno-piloto, que tampoco sabía mucho que digamos, ¿no? Fuimos bastantes autodidactas, pero me gustaba. (Ahora ambos tenemos la licencia N5, que otorga la Federación)

¿Y qué me motivó exactamente? La sensación de volar; estar en la montaña. Me gusta también, más allá de volar, el ambiente dónde estás.

LP: En tu opinión, ¿cuál sería la diferencia que hace más atractivo a este deporte en comparación con otros deportes extremos, como ser el ala delta, el kitesurf, snowboard, ski, etc.?

SC: Hay muchas similitudes, pero hablando de las diferencias, en el parapente, hoy te puedo marcar algunas que antes no veía: que lo podés hacer hasta una edad bastante avanzada, ser bastante grande sin que te requiera una condición física excelente...

Saber volar en parapente es mucho más sobre estrategia, mucho más cabeza que estado físico. Entonces, me ha pasado de ir a un lugar a volar en parapente y me encuentro con un piloto de pelo blanco, y de pensar: «¿qué hace éste acá?» Y de repente sale y resulta ser un capo (dice riendo).

LP: ¿Qué es lo que más disfrutas cuando volas en parapente?

SC: Lo que más disfruto es planificar el día de vuelo unos días antes. Ya estoy volando desde cinco días antes...voy buscando a los compañeros que quieran venir…, el lugar de despegue... ¡está buenísimo! Siempre es más fácil volar en grupo.

Lo más lindo es poder despegar todos juntos. Aunque terminamos volando todos solos porque uno se pincha, el otro se va... Después, cuándo nos volvemos a encontrar, hacía media hora que no nos veíamos; y ves al otro ¡y está buenísimo! Esa es la parte que más me gusta. Y, por supuesto, terminar con un asado y una cerveza después del vuelo.

Disfruto de la combinación de habilidad de pilotaje con el aparato y, a su vez, la estrategia. No soy bueno para jugar al ajedrez, pero como un partido de ajedrez tenés que estar todo el tiempo mirando qué jugada vas a hacer, si es la correcta y si estas a tiempo. Lo que más me gusta es el vuelo de cross. He volado dos horas y media, pero hay gente que ha volado ocho horas. 

LP: Nos contaste que existen diversos estilos de vuelos en parapente, ¿cuáles se practican acá en SMA? ¿Cuál preferís y por qué?

SC: Todo es vuelo libre. Se llama libre porque no tiene motor. Paramotor es otra cosa.

Dentro del vuelo libre tenes dos estilos bien definidos: el vuelo de cross y el vuelo acrobático. Ahora está muy de moda el hike and fly que sería «caminar y volar»; este último estilo se usa mucho en Europa, y acá, por ejemplo, lo hicimos subiendo el cerro Colorado y bajamos volando. La gente lo hace en otoño que es cuando no hay tantas condiciones térmicas de ascendente. Esos serían los tres estilos más definidos.

 

LP: Al ser un deporte extremo, los riesgo son bastantes altos, ¿cuáles son las medidas de seguridad que utilizan? 

 SC: Para mí, primero es la conducta, más allá de que existen protocolos y procedimientos que tenes que hacer. Pero no quiere decir que podés seguir los procedimientos tipo manual, porque siempre estás en una condición cambiante, todo el tiempo estás tomando decisiones, continuamente. En función de lo que interpretas de lo que sucede, tenés que tomar la decisión correcta. 

Y por supuesto, tener el equipo en buen estado. Y saber despegar y leer las condiciones que estén adecuadas a tu nivel de pilotaje. Un piloto nuevo no debería estar volando en ciertas condiciones.

 

LP: ¿Qué es volar para vos?

 SC: ¡Esas preguntas! (se ríe) Para mí volar me mantiene bastante alineado, estar atento, despierto, tener cierta conducta que me ayuda… más allá de que lo hago porque me gusta, me doy cuenta de que no paro de aprender… y eso está bueno. No parás de querer siempre algo más y eso te lleva hacia una dirección, y eso te motiva.

SOBRE EL CURSO

LP: Según tu experiencia, quienes se anotan en tus cursos: ¿qué los motiva a inscribirse? ¿Notaste alguna que se repite?

SC: ¡Qué pregunta filosófica! ja,ja, ja. Yo creo que al ser humano siempre le llamó la atención la sensación de estar en el aire, de volar. Es una sensación que está más allá de nosotros. Desde chicos, todo el mundo se debe haber preguntado cómo es volar.

 

LP: Contanos sobre la modalidad del curso: ¿cuáles son las habilidades que debe desarrollar quien se esté preparando para piloto?

SC: El nuestro es un curso de iniciación al parapente; en este curso te inicias. Normalmente, tenemos entre seis, ocho y hasta diez alumnos en el mismo curso. Lo que hay acá, en San Martín de los Andes, es una excelente escuela porque tenemos todos los pasos progresivos muy cómodos: tenemos la base de Chapelco que es plano y podemos hacer un «vuelito chiquito»; después un «vuelito» más grande, y ya después pasamos a los vuelos de altura. Esto, en otros lugares es muy difícil de lograr.

El curso está dividido en cuatro etapas: la primera se desarrolla todo en el llano. Vemos el «inflado de la vela» (como le decimos al parapente), aprender el dominio de inflar antes de despegar, etc.

Después pasamos a la «pentescuela» o «salto del pollo». Entonces, se hace un vuelo que dura entre treinta y cuarenta segundos, ya están volando solos. Mientras tanto, nosotros (los instructores) vamos conociendo a las personas, el carácter sobre todo, porque tenemos que saber con quién estamos volando, porque después van solos al aire. Ese es el período en donde conocemos mucho con quién estamos, para saber cómo pueden reaccionar en el aire, que entiendan las indicaciones y no se paralicen. Es una actividad donde hay que estar despierto, con todos los sentidos. Eso es importante. Por último vienen «los vuelos en altura».

La cuarta parte, que la vamos mechando todo el tiempo, es la parte teórica: aerodinámica, seguridad, reglas de vuelo, de material, etc…

LP: ¿Hay que tener un conocimiento previo?

SC: No, hay quienes nos contratas sin saber absolutamente nada.

 

LP: ¿Cómo se sigue después del curso?

SC: Es así: para ser piloto primero tenés que hacer el curso de iniciación sí o sí. El que termina y va a seguir volando se compra el equipo (para el curso proveemos todos los equipos nosotros). Una vez que el alumno decide seguir, lo apuntamos a nuestro grupo y sigue volando bajo «nuestra tutela o supervisión» durante todo el año; cada vez que va a volar, va con nosotros, y cómo nosotros vamos todo el tiempo…

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Por otro lado, al terminar el curso se puede rendir la licencia que otorga la Federación. Nosotros formamos, no las entregamos, sino que llamamos a otros instructores para armar una mesa de exámen teórico-práctico. Si se aprueba, la Federación, a través del Club Federación, entrega una licencia de piloto.

Después existen más pasos: cursos de térmica, de simulación de accidentes en vuelo, etc.. Esos los hacemos en otro lado, y son pasos posteriores para seguir perfeccionándonos.

LP: ¿Hay que tener determinadas horas de vuelo?

SC: Exactamente. Siempre se van sumando horas y vuelos. Exigencias digamos. Nosotros tenemos la licencia N5 que es la más avanzada y que exige todos los años hacer un taller, enviar certificado médico…, etc. Ya hace más de treinta años que se hace parapente en Argentina, y cada vez se va reglamentando más.

 

LP: ¿Cuánto dura el curso?

SC: Arrancamos en marzo y terminamos en junio. Lo hacemos de esta manera porque la gente trabaja y por el clima.

 

LP: Pero durante todo el año no se puede volar, ¿no?

SC: Sí, volamos durante todo el año menos en julio, porque estoy muy dedicado al esquí. En septiembre se vuela muy lindo. A SMA vienen muchos a volar. Lo que tiene esta ciudad es que es muy lindo por el paisaje que tenemos. Quiero decir, salís a volar desde el despegue de Miralejos que está a 1400 msnm, y volando subis mil metros, y ya estás más alto que el Cº Teta: ves el Lolog, el Lacar, todos los volcanes… eso lo tenés acá, en el Bolsón y Bariloche.

 

LP: Siempre aprovechando los fines de semana...

SC: No, estamos toda la semana. Usamos un grupo de whatsapp y ahí vamos organizando, por ejemplo: «el jueves y el sábado va a estar bueno, ¿quién se prende?». Y ahí se van sumano. No siempre están todos, pero nosotros los vamos llevando y en algún momento los nivelamos. El objetivo del curso es que hagan diez vuelos de altura: despegando, volando y aterrizando; que sean autónomos, que lo puedan hacer solos. Siempre estamos con la radio, pero lo tienen que hacer solos.

 

LP: San Martín tiene algo que fascina y ¡me imagino lo que debe ser desde el aire…!

SC: Exactamente… y cada estación tiene su encanto. Porque, por ejemplo, en otoño nos vamos a hacer un hike and fly y ves todas las lengas coloradas y una nubecita más abajo… Tiene eso, el entorno en el que lo hacemos es increíble

            Santiago nos explicó que hay diferentes vientos, el dinámico, por ejemplo es el que al chocar con un obstáculo (la montaña) asciende. En cambio, el termodinámico es aquél que se genera por la diferencia de temperatura: el aire que está cerca de la tierra va calentándose con los rayos del sol, y como el aire caliente sube, genera la corriente ascendente. Este es el caso de la segunda salida que compartimos… el sol ya está alto, calentando el ambiente, comienza a sentirse la correntada. Santiago y su equipo preparan las velas, se colocan el equipo e instruyen a quienes van a volar con ellos. Les enseñan las medidas de seguridad explicándoles cómo deberán moverse cuando el viento levante la vela y sientan el primer tirón… «esta vez vamos a correr…» se escucha entre las indicaciones.  

 

Y allá van otra vez…, atravesando el cielo sanmartinense.