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15 de febrero de 2020

De la huerta al plato del paciente

 

La Columna de las Nutricionistas

Como venimos contando, el hospital Dr. Ramón Carrillo está sinceramente comprometido con la alimentación del paciente como parte importante de la curación. Y una arista fundamental es la producción de la comida mucho antes de que llegue a la cocina. Desde hace tiempo, en el predio del hospital se lleva adelante una huerta bajo la coordinación y el compromiso de la gente del PRODA. Así que nos reunimos con ellos para que cuenten un poco más sobre este proyecto que va ganando cada vez más seguidores. 

 

—¿Cómo fue que comenzaron con la huerta?

—Todo surgió porque el PRODA estaba buscando un espacio donde desarrollar la huerta. Desde el hospital se pensó que sería una buena oportunidad. Comenzó con Emanuel —cuenta Santiago Urribarri — yo lo estoy reemplazando desde hace unos meses. 

 

—¿Qué es el PRODA, quienes participan y cómo se organizan semanalmente?

—Somos vecinos de la localidad. El grupo va variando según las personas que se acercan. Los jueves nos juntamos a organizarnos y es el día en que cosechamos hortalizas para la cocina del Hospital y para autoconsumo de quienes formamos parte del grupo. Después, durante la semana, venimos cuando cada uno puede con un gran compromiso por parte de todos de cuidar el espacio y mantener la producción (riego, ventilación del invernadero, manejo de abonera, siembra, trasplante, etcétera).

 

—Desarrollar una huerta en un hospital o institución de salud tiene varios beneficios. 

—Sí. Por un lado, tal vez desde la parte más obvia, tener una huerta propia habla de un compromiso más real con el medio ambiente, así como también con quienes consumen esos alimentos, ya que no se utilizan ni agroquímicos ni fertilizantes químicos, esto hace que la alimentación sin estos productos sea mucho más sana. 

 

—Aunque hoy no llegue a cubrir las necesidades de la cocina del hospital, sí es verdad hace un aporte cualitativo y eso ya marca una diferencia. 

—Claro, saber lo que comemos y ser el productor de los alimentos que llevamos a la mesa tiene beneficios físicos, psicológicos, espirituales y ambientales. 

La huerta del Hospital Dr. Ramón Carrilo

La huerta del Hospital Dr. Ramón Carrilo

La huerta del Hospital Dr. Ramón Carrilo

Compost

Compost

La huerta del Hospital Dr. Ramón Carrilo

Compost

Compost

La huerta del Hospital Dr. Ramón Carrilo

Se hace énfasis en lo ambiental porque toda huerta tiene su propio compost, y el hospital no es excepción. Todos los restos orgánicos que se produce en la cocina se convierte en tierra fértil en el abono compuesto brindando un doble beneficio: produciendo una mejor tierra fértil para la huerta y reduciendo la producción de la basura. 

 

Por otro lado, la huerta es una herramienta más que tenemos las nutricionistas dentro de los talleres de alimentación saludable que brindamos a los más chiquitos de nuestra ciudad. Quienes nos visitas también pasean por la huerta, aprendiendo de cultivos, de riego y de compost. 

 

Se creó una simbiosis, un ida y vuelta entre el PRODA y las nutricionistas, un círculo virtuoso que crece de manera sostenida. La huerta y el abono compuesto es tan solo el comienzo.

 

—¿Qué proyectos tienen a largo plazo?

—La idea de producir hortalizas, frutas, plantas aromáticas y medicinales bajo normas de producción agroecológicas para quienes trabajan en el espacio y los pacientes del hospital; generar un «espacio escuela» donde los vecinos puedan aprender y enseñar, intercambiando conocimientos y saberes. 

 

—¿Y como objetivo a mediano-largo plazo?

—Queremos hacer realidad un sueño: generar convicciones agroecológicas en la sociedad de San Martín de los Andes, que sean tan fuertes que la producción agroecológica logre desplazar a la producción agroindustrial. Es decir, que tengamos la posibilidad de alimentarnos mejor, sin correr riesgos, pudiendo desarrollar más y mejor salud desde la prevención para lo cual los pasos son: desarrollar cada vez más espacios como la huerta del Hospital y pensar en un espacio/huerta grande para el nuevo hospital. Un espacio donde, además, puedan realizar actividades terapéuticas los pacientes que así fuera requerido por los médicos.

Un espacio que sea tan grande de «cuerpo y alma» que sea capaz de ser la principal fuente de alimentación para los pacientes del hospital y las familias que allí trabajaran la tierra...

 

Un sueño grande pero no imposible. Simplemente se necesita del compromiso de toda comunidad, que poco a poco va tomando acción. Porque, como dijo Carlo Magno, «… de la conducta de cada uno depende el destino de todos».

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